lunes, 13 de junio de 2011

Secuestradores




El secuestro es la privación ilegal de la libertad de un individuo o grupo, generalmente con fines delictivos y casi siempre en contra de su voluntad, durante un tiempo determinado. A quien comete este acto se le denomina secuestrador. Quienes lo practican, buscan obtener una retribución económica (rescate); la atención de la opinión pública o de los medios; la difusión de un mensaje religioso, político o social; la consecución de una venganza; o satisfacer una necesidad emocional, sexual o afectiva.



Cualquier persona es susceptible de ser secuestrada. Los motivos pueden ser muy diversos, aunque los más comunes son obtener dinero o lanzar una proclama. Existen grupos delictivos o bandas dedicadas a secuestrar para cobrar rescates de diferentes montos; estos grupos tienen integrantes variados, con actividades especializadas que realizan durante el ilícito, agrupadas en las denominadas células: hay personas encargadas de planear el operativo; otros consiguen armas o aportan dinero para financiarlo; unas más estudian los movimientos de la víctima y consiguen información sobre ella; hay encargados de cometer el delito, matando a los acompañantes masculinos de la víctima y secuestrando también a los niños y mujeres que se trasladen en el mismo vehículo; también hay responsables de vigilar y atender a los secuestrados, proveyéndoles de comida, medicamentos y lo que puedan requerir mientras dure el cautiverio; otros son negociadores, con la función de comunicarse con la familia para fijar el monto del rescate, la fecha y entrega del dinero, y la liberación del cautivo; finalmente, los liberadores dejan a la víctima amarrada en un sitio despoblado, para que pueda ser hallada, o en su caso, la ejecutan y tiran su cadáver.



Un secuestrador estudia los movimientos de su víctima durante varios días o semanas, para familiarizarse con su rutina. El secuestro se realiza casi siempre cuando el objetivo viaja a bordo de un vehículo, al entrar o salir de su domicilio o de su trabajo, e inclusive mientras camina por la calle; un número menor se concreta en el interior del domicilio de la víctima.



A los lugares donde los secuestrados permanecen bajo custodia y vigilancia, se les denomina casas de seguridad, y por lo general van variando a medida que la víctima es cambiada de sitio para no ser encontrada. Cuando un secuestrador envía a la familia de la víctima o a las autoridades la muestra de que el secuestrado aún vive, se le llama prueba de vida; que puede consistir en una fotografía de la víctima con un periódico del día, una llamada telefónica personal o un video. La duración del cautiverio es variable, y puede ir desde unas horas hasta varios años.



Aunque siempre se ejerce violencia psicológica contra la víctima, cuando se aplica violencia física se denomina secuestro agravado. Esta puede darse mediante golpes, privación de alimento o sueño, abuso sexual o violación. Muchos secuestradores mutilan a sus víctimas, cortándoles dedos u orejas, para enviar estos pedazos a sus familias, como medida de presión psicológica. Si es necesario, la víctima es ejecutada. En muchos países, el secuestro es un delito grave, que puede ser castigado con prisión perpetua o la pena de muerte.



Una variante es cuando, como parte de un asalto, o de un atentado guerrillero o terrorista, los perpetradores retienen a un número indeterminado de personas dentro de una casa, departamento, comercio, oficina, edificio o vehículo terrestre, marítimo o aéreo. En estos casos, los secuestradores pueden permanecer durante horas o días, comunicándose con las autoridades policíacas establecidas, generalmente agentes especialmente entrenados para negociar con ellos. A las personas retenidas se les denomina rehenes y al evento, situación de rehenes. La mayor parte de las veces, los secuestradores liberan a ciertas personas del grupo (mujeres, niños, ancianos o personas enfermas), piden vehículos para escapar y exigen un monto económico o la liberación de personas encarceladas por diferentes delitos. Casi siempre, las situaciones de rehenes terminan con el arresto o muerte de los secuestradores, aunque muchas veces también mueren algunas de las personas retenidas o agentes policíacos.



Existen otras modalidades. El secuestro express es el acto de retener forzadamente a una persona desconocida, para que entregue el monto de sus tarjetas de crédito o débito, disponiendo de efectivo en los cajeros automáticos; casi siempre es liberada pocas tiempo después. También se aplica al acto de retener a una persona durante varias horas, para que su familia reúna una determinada cantidad de dinero y la entregue enseguida. Esta clase de secuestros rápidos y sin planeación, frecuentemente son obra de familias dedicadas a cometer delitos como robo de automóviles, a casas habitación, o asaltos. Una variante es el paseo millonario, en el cual la víctima toma un taxi y el conductor recoge, más adelante, a otros miembros de la banda delictiva, quienes asaltan al pasajero. Por lo general, el chofer finge ser asaltado también.



El secuestro virtual o extorsión telefónica es una modalidad de fraude en la cual, mediante llamadas telefónicas, se intimida a una persona haciéndole creer que un familiar ha sido secuestrado y exigiéndole que entregue de inmediato una cantidad de dinero en efectivo; también se le puede engañar, diciéndole que una persona cercana a ellos ha sufrido un accidente o necesita dinero para realizar un trámite. Otros aseguran que el interlocutor ha obtenido un premio y debe hacer un depósito para poder reclamarlo; o darle al delincuente los números de varias tarjetas telefónicas de prepago. Hay delincuentes que aseguran ser empleados de bancos, de instituciones públicas o privadas, y le solicitan a sus víctimas sus claves bancarias, números de tarjetas de crédito, o información confidencial, familiar, laboral y personal. A veces, se indica a las víctimas que deben depositar el dinero en cuentas bancarias indicadas por los delincuentes, o enviar el dinero a través de giros telegráficos o money orders. Las bandas o individuos dedicados a esto, pueden realizar miles de llamadas al mes. Muchos de ellos inclusive se encuentran presos y utilizan para esto teléfonos (satelitales, móviles o celulares) y radios. Por lo general, estos grupos nunca llegan a agredir físicamente a sus víctimas y en muchos casos, ni siquiera tienen contacto personal con ellas.



El secuestro parental es aquel en el cual uno de los padres se lleva a su hijo, sin el consentimiento del otro progenitor, a un lugar diferente a aquel en el que vive y privándolo del contacto familiar.



No debe confundirse el secuestro con el rapto, delito en el cual un menor de edad es sustraído o retenido, muchas veces contra su voluntad, con fines eminentemente sexuales; si la víctima está de acuerdo, se denomina rapto impropio o rapto consentido. Los raptores casi siempre conocen a la víctima y buscan un acercamiento erótico lícito (a través de un matrimonio forzado, sobre todo cuando los padres de un miembro de la pareja se oponen por ser menor de edad) o ilícito (para cometer abuso sexual o violación); la consumación de una actividad sexual puede darse o no en un caso de rapto.



Dentro de esta modalidad se encuentran los arrebatadores, quienes secuestran a los niños que encuentran caminando solos en carreteras, caminos vecinales o calles solitarias. Su modus operandi es obligar al menor a subir a su vehículo para llevárselo a un lugar apartado, violarlo, matarlo y deshacerse del cadáver tirándolo en un lugar solitario. La mayoría de los niños arrebatados mueren dentro de las siguientes horas y muchos nunca son encontrados.



En ocasiones, se utiliza erróneamente la palabra plagio como sinónimo de secuestro, o se llama plagiarios a los secuestradores; sin embargo, un plagio es el robo o la copia sin autorización de una obra de creación, para atribuirse su autoría; el plagio constituye una violación de la propiedad intelectual y nada tiene que ver con el secuestro.



Muchas personas desarrollan el llamado “síndrome de Estocolmo”, en el cual las víctimas de un secuestro se identifican con sus captores y establecen lazos afectivos con ellos, llegando a defenderlos ante las autoridades, negándose a declarar en su contra, manteniendo relaciones sexuales con ellos o uniéndose a sus grupos delictivos o causas políticas

viernes, 10 de junio de 2011

Asesinos Mutiladores




Extraído del libro Monstruos entre nosotros. Historia y tipología de los asesinos, de Carlos Manuel Cruz Meza.


Los descuartizadores son aquellos asesinos que cortan en pedazos los cuerpos de sus víctimas, vivas o muertas. También se les denomina desmembradores. La finalidad de esta práctica es causar dolor y sufrimiento extremo a las víctimas cuando aún viven, provocándoles además la muerte. Cuando un asesino descuartiza cadáveres, el principal motivo es facilitar el manejo y transporte del cuerpo para deshacerse de él y dificultar su identificación.



Los asesinos antropófagos y los necrófagos lo hacen para guardar la carne de sus víctimas en paquetes y poder comerla después. Los necrófilos se excitan mientras desmiembran un cuerpo y frecuentemente mantienen relaciones sexuales con los cadáveres mutilados, o con partes de los mismos. Los fetichistas guardan partes de los cuerpos como recuerdo. Una parte de ellos gustan de eviscerar. Algunos asesinos realizan cortes precisos y otros son descuidados.



Los destripadores son asesinos que evisceran a sus víctimas, vivas o muertas; por extensión, muchos criminales que utilizan armas blancas para matar, aunque sin eviscerar, son llamados destripadores; en estos casos, el término no está correctamente aplicado. El acto de extraer las vísceras forma parte de un acto ritual, practicado por una amplia gama de asesinos. Algunos experimentan excitación sexual mientras lo hacen y llegan a masturbarse a la vista de los órganos internos o a penetrar las vísceras expuestas. Una variante son los sacamantecas, quienes extraen la grasa y parte de los intestinos de niños, para fabricar pomadas o ungüentos con supuestas propiedades curativas.



Por su parte, los decapitadores son asesinos que cortan la cabeza de sus víctimas, como parte de un ritual sangriento o para comunicar un mensaje. A través de los siglos, muchas culturas han vinculado el poseer la cabeza de un enemigo caído en batalla o de la víctima de sacrificio, con la adquisición de poderes mágicos, de mayor estatus o la obtención de un trofeo, que además puede utilizarse como ornato. El pueblo amazónico de los shuar, más conocidos como jíbaros, acostumbran cercenar la cabeza de sus enemigos para proceder después a reducirlas por medio de un proceso ancestral; estas cabezas sirven como amuletos y se denominan chanchas.



La decapitación también ha sido una forma recurrente de ejecución pública, utilizando para este fin el hacha y la guillotina; a quien decapita en nombre del estado se le denomina verdugo. Durante varios conflictos bélicos, las cabezas de los soldados enemigos fueron puestas en picas, para desmoralizar a los ejércitos rivales. Es también una costumbre entre algunas bandas del crimen organizado, principalmente narcotraficantes; en estos casos, las cabezas son acompañadas de mensajes escritos, que explican la razón por la cual una persona fue decapitada.



De igual forma, grupos extremistas o terroristas usan la decapitación para transmitir mensajes políticos o sociales; en ocasiones, las ejecuciones son filmadas y emitidas con posterioridad. En el caso de los asesinos en serie, algunos acostumbran decapitar para dificultar la identificación de los restos de sus víctimas. Puede darse el caso de que guarden las cabezas como trofeos, que les quiten la carne y solo conserven los cráneos, o que utilicen el cabello y la piel del rostro como pelucas o máscaras.



Algunas decapitaciones célebres incluyen a Juan el Bautista, San Pablo, Vlad Tepes, Ana Bolena, Catherine Howard, Thomas Moro, María Estuardo, Carlos I, Luis XVI, María Antonieta, Maximilien Robespierre, Antoine Lavoisier, Joseph Vacher, Henri Desiré Landrú, Sophie Scholl y Daniel Pearl.



Los acuchilladores o cuchilleros forman también parte de esta clasificación. Acuchillar es herir, mutilar o matar con un arma blanca. Se le denomina así a cualquier asesino que utilice un objeto con filo y/o punta para causar heridas punzantes, cortantes, punzocortantes, punzocontundentes o cortocontundentes en el cuerpo de la víctima.



Los acuchilladores por lo general hunden el arma en el vientre, espalda y cara; y hieren manos y brazos por heridas defensivas. También la usan para desfigurar a sus víctimas; en ocasiones utilizan este mismo objeto para mutilar o desmembrar.



Estos agresores utilizan dagas, puñales, cuchillos de cocina y/o de caza, cutters, bisturís, escalpelos, machetes, cuchillas de afeitar, agujas largas, botellas rotas, trozos de vidrio, espadas cortas o espadines. Según la clase de arma es el término que se utiliza: p. ej., “acuchillan” los que usan cuchillos; “apuñalan” quienes utilizan puñal; “navajean” quienes usan navaja; “machetean” los que utilizan machete.



Simbólicamente, la introducción del objeto punzo cortante en el cuerpo es una penetración ritual y el instrumento utilizado simboliza el falo. Una gran parte de los asesinos usan este tipo de armas. Quienes prefieren utilizar hacha son llamados “hacheros” o “asesinos del hacha”.



Finalmente, los empaquetadores son asesinos que utilizan toda clase de recipientes para guardar los restos de sus víctimas. Los más usados son maletas, bolsas plásticas, cajas, baúles y cofres. La finalidad es ocultar el cuerpo, conservarlo para darle otros usos o transportarlo para deshacerse de él.



En algunos casos, estos paquetes son enviados a través del servicio postal, de agencias de mensajería o de fletes; también pueden ser transportados por el mismo asesino. El cadáver puede ser metido entero o descuartizado para facilitar su manejo. Los asesinos antropófagos empaquetan la carne para guardarla en refrigeradores y comerla con posterioridad.

EL CROMOSOMA XYY ¿CULPABLE O INOCENTE?

El tema de la conducta criminal, agresiva y antisocial en el hombre es tan antiguo como la historia del hombre mismo. Las causas de esta conducta han sido siempre motivo de fuertes polémicas dividiéndose las opiniones en dos grandes grupos: Los que consideran que las causas están en el medio ambiente en que se desarrolla el individuo (influencias de la educación, familia, entorno, problemas socioeconómicos, etc.) y los que consideran que el sujeto nace ya con ciertas taras genéticas o bien las adquiere posteriormente a causa de una enfermedad. Así podríamos resumir en dos palabras las opiniones: congénitas o adquiridas o como dicen los ingleses "nature or nurture" (naturaleza o educación).
Ya los profetas bíblicos intentaron predecir no sólo los desastres sino también el crimen, determinando quién podría llegar a ser criminal identificable por su glotonería o su intemperancia en la bebida.
La polémica continúa aún en nuestros días, pero ha visto épocas en que se ha reactivado en uno u otro sentido por algún descubrimiento o avance de las Ciencias médicas o biológicas, o por la interpretación por parte de algun investigador de hechos más o menos reales y a veces fantásticos. Tales han sido los casos de LOMBROSO y su escuela que en el siglo pasado puso un hito con su obra "El hombre criminal" o el criminal nato. Las tesis de LOMBROSO y los que le siguieron fuéronse apagando con los nuevos descubrimientos de las Ciencias médicas y hoy son nada más que un recuerdo histórico.
Por su parte GALL y sus discípulos interpretaron la forma del cráneo y las modificaciones de su superficie como íntimamente relacionadas con los caracteres, tendencias, habilidades, etc. del sujeto pretendiendo predecir cuál iba a ser su futuro simplemente por la exploración y palpación del cráneo. Los descubrimientos de la Neurofisiología desvanecieron toda esperanza de sostener aquellas ideas.
Como siempre suele ocurrir, una tendencia distinta surge en determinados momentos de la Historia: a aquellos para quienes la Herencia lo era todo y a aquellos para los que el ejemplo y la educación son las causas de los problemas se unieron los eclécticos que consideran que el término medio es siempre el más acertado por lo que creyeron que ambos factores, el congénito y el adquirido podrían combinarse y dar lugar a la conducta antisocial o en último extremo al crimen. Tal era la opinión del Dr. Court Stern, Profesor de Genética de la Universidad de Berkeley, California, que consideraba como probable respuesta, la asociación de una alteración cromosómica con el medio ambiente en que desarrollaba su vida el individuo.
La polémica más moderna surge a partir de un pequeño trabajo de JACOBS y col. (Nature, 1965), apoyándose en otro anterior de Court Brown (1962). JACOBS realiza un estudio de 197 pacientes de conducta peligrosa recluídos en el State Hospital de Lanarkshire (Escocia), entre los que encontró 7 varones con un cromosoma XYY. Estos reclusos habían sido convictos en 92 ocasiones pero sólo ocho por delitos contra las personas.
Es la época en que BARR ha descubierto en el núcleo de las células, el cuerpo o concentración cromatínica que lleva su nombre (cuerpo de Barr) y que los biólogos, genetistas, médicos, histólogos, se interesan por el sexo cromosómico. Proliferan estos estudios de la cromatina llamada sexual en aquella época. Yo mismo participé en América en esta carrera.
El primer informe sobre un sujeto con 47 cromosomas (uno de ellos XYY) en lugar de los 46 que tienen normalmente las células humanas (23 parejas) es publicado por SANDBERG y col. (Lancet, 2: 48, 1961), pero no lo relacionan con la conducta sino lo toman como una curiosidad biológica. Se trataba de un muchacho de 12 años con ectopia testis y obesidad. Se le trató con gonadotropina coriónica que le hizo descender el testículo derecho hasta la bolsa escrotal.
Posteriormente, muchos investigadores interesados por los trabajos de JACOBS, comienzan a estudiar este tema y hacen encuestas para averiguar el cariotipo de los individuos recluídos en cárceles y hospitales de máxima seguridad con conducta agresiva. En ese cariotipo buscan la existencia de un doble cromosoma Y, el característico del sexo masculino. Un varón normal tiene un sexo cromosómico XY, donde la X corresponde a la mitad de la cromatina de la célula materna y la Y a la mitad de la cromatina paterna. Pero en ciertas ocasiones y sin saber a ciencia cierta por qué razón, no se produce la disyunción, añadiéndose toda la cromatina sexual paterna YY, sin que ésta se haya dividido en dos mitades durante la fase de meiosis celular.
Los estudiosos del tema comienzan a encontrar un elevado número de varones XYY entre los reclusos de penales y manicomios. La mayoría eran violentos, agresivos, peligrosos, de conducta criminal, o eran sencillamente subnormales.
Todo esto condujo a la idea que predomina en los años 60 de que el estudio del cariotipo podría permitir predecir las conductas violentas y el crimen. Y se plantea la gran incógnita y la gran duda: Un criminal con un cromosoma XYY ¿sería responsable de su conducta o bien podría considerarse la existencia de este cromosoma como una condición eximente o al menos atenuante de la culpa? Se plantea el problema de la imputabilidad o inimputabilidad en el delito.
DERSHOWITZ (1976) señalaría que si la población de varones en Estados Unidos era de 110 millones, habría aproximadamente unos 200.000 con cromosomas XYY. Basaba sus cálculos en los estudios estadísticos derivados de las encuestas realizadas en diversos Estados. Sigue opinando que si hay un millón de americanos varones que en algún momento han cometido un crimen violento, 3.200 de ellos según las estadísticas tendrían el cromosoma XYY. Pero predecir que todos los 200.000 llegarían a cometer un crimen violento sería una falsa premisa. Solamente ocurriría en el 1.5 % según sus cálculos.
BORGAONKAR y SHAH (1974) en sus investigaciones habían llegado a la conclusión de que "la frecuencia de conducta antisocial de los varones XYY no es probablemente muy diferente de las de las personas no XYY de la misma clase social y antecedentes".
Estudios comparativos realizados en negros y blancos (HOOK, 1974) demostraron que el porcentaje de XYY en negros era inferior al de los blancos. HOOK que trabajaba en el Departamento de Salud Pública de Nueva York, observó que el cromosoma XYY en recién nacidos se presentaba en el 0.1 % mientras que en reclusos de instituciones penales el porcentaje era de 2 %. También observó que las condiciones adversas del medio en que nacieron los niños no aumentaba el porcentaje de genotipos XYY en recien nacidos.
Todos los autores estuvieron de acuerdo en afirmar que el cromosoma XYY no era hereditario sino que surgía individualmente sin saber la razón de ello.
El Dr. Marco Fraccaro de la Unidad Euratom de la Universiad de Pavía, negaba también que la aparición de un cromosoma XYY tuviera un caracter hereditario. De sus estudios realizados en Suecia en colaboración con el Dr. J.LINDSTEN del Karolinska Hospital de Estocolmo, deduce que la combinación anómala se produce durante la fase de meiosis, sin ninguna relación con los antecedentes familiares. Toda la cromatina del espermatozoide se combina con la mitad de la cromatina del óvulo materno. A veces ocurre que tampoco la dos X maternas se separan y entonces se producen embriones con la fórmula genética XXY (síndrome de Klinefelter). En el simposio sobre aberraciones cromosómicas que tuvo lugar durante el XII Congreso Internacional de Genética señaló FRACCARO que "no se conoce ningún caso de varón XYY que haya transmitido este mismo defecto a un hijo suyo". Como detalle curioso cita la existencia del King Size Club de Estocolmo, organización muy exclusiva que sólo admite en su seno a hombres de excepcional estatura. En un estudio realizado entre estos hombres de elevadas tallas, se encontraron sólo dos casos de cariotipo con cromosoma XYY. Ninguno de ellos había tenido nunca problemas con la Justicia ni antecedentes de historia antisocial alguna.
Algunos autores consideraban que los sujetos XYY y otras anormalidades cromosómicas eran más frecuentes en grupos deprimidos socioculturalmente. Algunas de las encuestas permitieron determinar que no todos los casos XYY presentan desviaciones de la conducta ya que hay muchos que son normales y no han tenido problemas con la Justicia.
La incidencia en un grupo de 30.000 niños estudiados en varias partes del mundo, fué de 27 XYY identificados lo que supone un 1 por 1.000 de varones XYY. La incidencia en establecimientos penales fué cuatro veces mayor (1: 225) mientras que en establecimientos para enfermos mentales fué mucho mayor (3-4 %) (HOOK, 1975).
Una de las más fuertes polémicas que produjo el tema fué motivada por la encuesta realizada por los Drs. Standley WALZER y Park S. GERALD en el Boston Hospital for Women dependiente de la Universidad de Harvard (1968). Estos investigadores determinaron el cariotipo y la clase social paterna de 10.348 recien nacidos. No hallaron diferencia significativa en la clase social paterna asociada con la aparición de cariotipo con XYY y XXY. Esto para los autores demostraba que los factores socioeconómicos no afectaban a la frecuencia de las anomalías cromosómicas y lo mismo señalan que ocurrió en las encuestas realizadas en Escocia. Consideran WALZER y GERALD que los sujetos XYY tienen una "enfermedad" y que los niños que la "padecen" deben ser sometidos a vigilancia y tratamiento médico como se haría en cualquier otra enfermedad. Se presentaba un caso por cada 1.000 nacimientos, tanto como el Síndrome de Down (mongolismo). La indicencia de XXY fué tan alta como las de los XYY y creían los autores que ambos grupos podían ser ayudados psicológicamente para orientar su conducta.
CASEY y col. (J.Ment. Def. 16:215,1973) tampoco vieron diferencias en relación con la clase social y la frecuencia de los cariotipos con 47,XXY y 47,XYY.
Estudios realizados por RATCLIFFE y EVANS del Western General Hospital de Edinburgo, así como los de MACLEAN y col. en 20.725 infantes y posteriormente en otro grupo de 11.680 recien nacidos, encontraron 69 niños con anormalidades cromosómicas sexuales. Tampoco hallaron relación con el factor socioeconómico.
Por el contrario BECKWITH y KING, del Massachusetts Institute of Technology (New Scientist 64:474, 1974) iniciaron una fuerte campaña contra WALZER y GERALD, insistiendo en que el porcentaje de XYY estaba aumentado en los grupos socioeconómicos más bajos, lo que atribuían a hiponutrición.
Un grupo de abogados dirigidos por estos autores señalaron que el estudio no era ético y que además "estigmatizaba" a los niños etiquetados de tener un cariotipo XYY.
Se estudió el caso en la Universidad de Harvard y la Facultad de Medicina votó que se aprobara y continuara el estudio por 200 votos contra 30. Sin embargo WALZER que venía siguiendo el desarrollo de la conducta de más de 40 niños con cariotipo 47,XXY y 47,XYY entresacados de su estudio, deprimido por los ataques de aquellos grupos, decidió simplemente no seguir adelante al ver que le hacían la vida imposible con diversas acciones legales que pusieron en marcha contra él.
WALZER insistía en que hablar de un "cromosoma del crimen" como se había expresado en diversas noticias de Prensa no tenía sentido, pero creía que había indicios claros de que algunos varones XYY tenían problemas en la lectura y el aprendizaje escolar, así como algunas dificultades en su conducta. El consideraba que siguiendo la evolución de estos niños podrían ser ayudados al identificar tempranamente sus problemas.
BECKWITH se hizo muy impopular por la virulencia de sus ataques a estos programas y por los problemas que ocasionó su actitud. Había calificado de "mito peligroso" al llamado síndrome XYY y consideraba que los problemas que creaban estas encuestas eran mayores que las ventajas que podían reportar. Los problemas surgían, según su criterio, en los padres al saber que tenían un hijo XYY, lo que les traumatizaba y hacía que su conducta con el hijo pudiera ser precisamente la desencadenante del problema que se trataba de prevenir.
El Dr. RAZAVI en un estudio de cariotipos en muestras de piel y sangre tomadas en 83 varones en el Bridgwater Treatment Center for Sexual Offenders de Massachusetts, encontró el cromosoma XYY en una proporción 35 veces mayor que en la población general.
Por su parte el Dr. KESSLER (Arch. of Neurol. 30:1) halló que una proporción considerable de varones XYY hallados en cárceles u hospitales penitenciarios de máxima seguridad, proceden de familias con una historia de criminalidad y diferentes problemas psicosociales al mismo tiempo que niveles socioeconómicos muy bajos.
En España, la Dra. A. QUINTANA realizando cariotipos en el Departamento de Genética de la Fundación Jiménez Díaz y en la población penal de la Prisión de Carabanchel, encuentra tres casos de cariotipo 47,XYY con elevada estatura, retraso psíquico, agresividad (uno de ellos violento) y alteraciones somáticas tales como sindactilia, micrognatia y asimetría facial. En las historias clínicas tenían en común la edad avanzada de los padres en el momento de la procreación, lo que interpreta como causa probable de la no disyunción del cromosoma, fenómeno que seguramente se produce durante la meiosis en las primeras etapas de la división celular del óvulo fecunado o zigoto.
El estudio psicológico y psiquiátrico llevado a cabo por E. ZEUTHEN y sus colaboradores en el Departamento de Psicología Clínica del Hospital del Estado de Risskov (Dinamarca), en varones XYY hallados en una población no penal, pudo demostrar que estos sujetos presentaban un nivel intelectual dentro de los límites normales, pero con un I.Q. (cociente de inteligencia) y nivel educativo menor del que se podía esperar. Se caracterizaba por inmadurez manifestada en forma de pasividad, irreflexión, labilidad emocional, necesidad de contacto social, identificación varonil insegura y mecanismos de defensa débiles. La presencia y grado de estas características variaba, pero fué evidente que los factores ambientales eran los mismos que actuaban sobre sus hermanos no XYY. Todos aprovechaban menos en sus tareas escolares que sus hermanos. Dos de los cinco casos estudiados tenían antecedentes penales.

Por: Cleo